En el mercado de comidas sabrosas. No hay puertas, hay chinos.
Mercado mismo con chino admirando lo admirable.
Escoltando la noche tras los muros prohibidos.
Ciudad prohibida, en la noche mucho mejor
Nos acercamos a Mao
Mao ha quedado como foto, la vida en oscuro queda para los demás.
Primer contacto no legible con la estatua de la libertad al fondo.
¿Quién es Mao? ¿Quién ordenó fabricar acero?
Plaza de Tiananmen. ¿Dónde quedó esa parada de metro que unió la voluptuosidad comunista?
El mejor restaurante de la historia. Buenísima comida, barata cerveza y chinos acuchillados en carne abierta... hermanos negrísimos nos vigilaban al lado de la musulmanidad.
El día del trabajo juntó, como no podía ser de otra forma, a la chinacidad.
Y venga más.
Momento de exaltación.
Enormes tulipanes. Hace por vivir, la Marteta.
La comida de un oso panda parece invierno en la villa de Vallecas... Va llecas, es decir... no, osea... no.
Bambú II. Que no se pierda la infirmación.
Rodeados, una vez más.
En flor. Bellísima.
Meneamiento.
El bolígrafo rojo marca la vulnerabilidad del lado más amable. Soldados de la arquitectura.
El barco se ladeaba hacia regiones insospechadas.
Pulpo con forma de edificio.
Bucólica composición de guapa chica vilera y vilense, si se nos permite.
Lugar mágico cuando no se va.
La ciudad prohibida está vigilada por paraguas con chinos.
Prescindibilidad moderna.
Mientras él mira, ella observa.
Hormigas
Abanico con forma de actitud.
El muro de los secretos (desde el otro lado, y hablando natural, el chino puede escuchar lo que se le dice: muro eco es llamado... en honor a la ninfa que perdió, por curiosa, la capacidad de hablar... sólo le quedó la repetición)
Entre tanto chino queda la hermosa occidentalidad.
A veces escupen sobre armarios provistos de blanco reflejo.
Blanco cielo, mujer hermosa y tío malhecho.
La memoria del tiempo o que hacen dos viejos en mitad de una provocación.
Camino a la Gran Muralla. sobre la acera se conduce mejor.
continuará...
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